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El escultor de desnudos masculinos

Estaba un día el Manolo muy quitado de la pena orinándose en la llanta de un carro, cuando apareció el dueño. Manolo quiso correr, pero el dueño lo tranquilizó diciéndole: – ¡Espérese joven!, ¡no corra! ¿Sabe? Yo soy escultor y precisamente estoy esculpiendo un desnudo masculino. No está usted para saberlo, ni yo para contárselo, pero tiene usted las proporciones perfectas. Es más, quisiera contratarlo como mi modelo.
– Esteeee, pueeees… No sé…
– ¡Anímese, joven! Se puede usted hacer famoso. Lo único que me gustaría comprobar es qué tan suave es, para darle el mismo acabado en la escultura. ¿Me permite que lo toque?
– ¡Oiga!
– ¡No sea mal pensado, joven! Nosotros los escultores somos casi como doctores. Secreto profesional y toda la cosa.
– Bueno.
Manolo se acerca. El escultor toma delicadamente su “dese” y se lo retuerce diciéndole: – ¡No se ande orinando en las llantas de mi carro, imbécil!
LOS CAZADORES
Un grupo de cazadores andaba de safari por una de las regiones más peligrosas e inexploradas de Africa.
Después de varios días de travesía se detuvo el guía y les advirtió: – De aquí en adelante tendremos que avanzar de uno en uno porque muy cerca está la aldea de los caníbales Wancho-Wancho, pero no se preocupen, son muy ambiciosos y con tal de no comerte te piden cualquier cosa que les guste y así te dejan pasar por su territorio.
– Tampoco han oído mucho nuestro idioma por lo que solo hablan las primeras sílabas de cada palabra. Para que vean que no hay peligro yo avanzaré primero.
Así lo hace y después de pasar por el territorio hostil, espera al final al siguiente cazador y se ponen a platicar de lo que les pasó.
– Pues a mí me fue bien. Fíjate que al topármelos, el jefe de la tribu se me acercó y me dijo “soso, soso”. Pues yo le di mi sombrero.
El otro cazador agrega: – No, pues a mí me dijo “bobo, bobo” y yo le entregué mis botas. Así van llegando todos los cazadores hasta que ya nada más falta el último. Este llega con una cara de martirio que no puede con ella. Al acercársele los demás cazadores le preguntan: – ¿Qué pasó, cómo te fue?
– Pues mal. Fíjense que me dijeron que querían el “cucu, cucu”…
– ¿Y les entregaste el cuchillo?
– ¿Querían el cuchillo?
DUDA
¿Por qué en Yucatán no hay revoluciones?
Porque no hay cabecillas.
EL CONCURSO
Un tipo pregunta a la recepcionista: – ¿Uqui us ul cuncursu de lu bucu chiquitu?
– No, el concurso de la boca chiquita fue ayer.
– ¡Aaay, no maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaammes!
EL MINERO
Llega un minero al almacén del pueblo, se acerca al dependiente y le dice: – Deme unos calzoncillos con teflón
– ¿Disculpe caballero? ¿Unos qué?
– Unos calzoncillos con teflón, hombre. ¿Que no hablo claro, o está usted sordo?
– Debe estar usted confundido señor, el teflón es un recubrimiento que tienen los sartenes para que no se peguen los huevos.
– ¡Pues precisamente!
Cambiemos de tema
– Pedro, me dijeron que tu mujer te dejó.
– Mejor vamos a hablar de otra cosa.
– Ok ¿Cuándo tienes pensado devolverme el dinero que me debes?
– Pues así es, hace dos meses que nos dejamos.

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