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Discurso de Fidel

Fidel está dando uno de sus discursos de seis horas en la plaza y dice:
– ¡Y a partir de ahora, habrá que sacrificarse más!
Y alguien grita:
– ¡Trabajaremos el doble!
Sigue Fidel:
– ¡Y hay que comprender que habrá menos alimentos!
– ¡Trabajaremos el triple!
Algo molesto, Fidel continúa:
– ¡Y las dificultades crecerán!
– ¡Trabajaremos el cuádruple!
Fidel vuelve a ver a su jefe de seguridad y le pregunta:
– ¡Coño, chico!, ¿quién es ese idiota que dice que va a trabajar tanto?
– No se preocupe, comandante, es el sepulturero.

Muerte de Fidel
Se muere el compañero Fidel, por lo que Raúl Castro, en la despedida de duelo del comandante en jefe, dice:
– Lo que enterramos hoy, aquí, es una semilla…
Se oye una voz entre la multitud:
– ¡La concha de su madre a quien le eche agua!
Aspiración cubana
Un cubano le pregunta a su hijo de 6 años:
– ¿Qué quieres ser cuando crezcas?
– ¿Yo?… ¡Extranjero!

Obstetricia cubana
Uno de los adelantos de la medicina cubana es no tener que darle una nalgada al recién nacido.
El médico simplemente se acerca al bebé y le dice al oído:
– Nene… naciste en Cuba.
Acto seguido, el niño empieza a llorar.

Volver a amarte
Él está tumbado en el sillón. La camiseta sin mangas deja notar una enorme panza bironguera. Con shorts y las patas de gallo, sus peludas piernas descansan sobre el cojín del suelo.
La barba no afeitada del fin de semana, el brillo del sudor en su cara, y el poco pelo que le queda despeinado, terminan de describir la fina estampa.
En la mano, una caguama. En la otra, el control de la televisión. En la mesa, dos caguamas ya vacías, el cenicero lleno y un plato con cáscaras de cacahuates. El cigarro, colgando de la comisura de la boca. Viendo el clásico regio en la tele, apenas dice ni hace nada si no es para acordarse de la familia del árbitro
Ella sale de su habitación. Guapa, elegante, arreglada y perfumada, pasa por delante de él, cuando le pregunta:
– ¿A dónde vas tan arreglada?
Ella le contesta:
– A dar un paseo con mis amigas.
Antes de salir por la puerta, ella se detiene un momento, se queda mirando el lamentable cuadro, hace un alto, y le pregunta:
– ¿Será posible que yo un día vuelva a amarte?
A lo que él, sin apartar los ojos de la tele, responde:
– No seas mamona, ¿cuándo chingados has estado en Marte?

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