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Pepito el sabiondo

Hay cuatro clases de orgasmos femeninos: El vocálico, el positivo, el religioso y el fingido.
En el vocálico la mujer dice: “¡Oh, ah!”.
En el positivo la mujer dice: “¡Oh, sí!”.
En el religioso la mujer dice: “¡Oh, Dios!”.
Y en el fingido la mujer dice: “¡Oh,…!” y el nombre de su marido.
acostado En el teatro
En un teatro, un hombre se encuentra acostado, ocupando varias butacas con sus piernas y brazos. Al observar su actitud, el acomodador le pregunta con sorna:
– ¿Está cómodo? ¿No quiere que le traiga un cafecito?
– No, tarugo, llama a una ambulancia, que me caí del palco.
Pepito el sabiondo
La maestra divide el curso en dos equipos para hacer una competencia de preguntas y respuestas.
Primera pregunta, dice la maestra:
– ¿Quién descubrió América?
Salta una de las inteligentes:
– ¡Cristobal Colón, profesora!
– ¡Muy bien! -dice la profesora.
– ¡Una a cero, vamos ganando, pendejos! -salta Pepito.
Segunda pregunta. Dice la maestra:
– ¿Cuál es el órgano más importante del cuerpo?
– ¡El corazón, profesora! -responde uno de los inteligentes.
– ¡Muy bien!
– Dos a cero, ¡a huevo les vamos a ganar a estos pendejos! -dice Pepito.
La maestra ya se estaba enfadando con la actitud de Pepito, y dice:
– Jovencito, ¡se para y se sale!
– El pito, profesora, ¡y tres a cero weyes! ¡le vamos a ganar! -grita Pepito.
– ¡Pepito, por favor, se sale y no vuelve a entrar!
– La mierda, profesora, cuatro a cero. ¡creo que les vamos a ganar a estos pendejos!
– ¡Pepito, se sale y no vuelve por un mes!
– La regla, maestra, ¡cinco a cero, estupiditos, y estamos a punto de ganar, weyes!
Entonces grita la docente desesperada:
– ¡Pepito, se va y no vuelve más!
Y grita Pepito:
– La virginidad profesora… ¡GANAMOS! ¡A güevo, pendejos, nos fuimos invictos!
la maestra De pie
Una maestra nueva, trata de aplicar sus cursos de psicología.
Comienza su clase diciendo:
– Todo aquel que crea que es estúpido, que se ponga de pie.
Luego de unos segundos de silencio, Pepito, se pone de pie. La docente le pregunta:
– Pepito, ¿crees ser estúpido?
– No, señorita… pero me da pena mirarla parada solita.

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