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Gracias al celibato

En la fiesta una impertinente mujer asediaba a un sacerdote preguntándole con insistencia qué pensaba acerca del celibato sacerdotal. Harto ya de la tenacidad de la mujer el curita se decide a contestarle:
– Mire, señora. Voy a decirle lo que pienso del celibato. Al acostarme por la noche lo lamento; pero cuando me levanto en la mañana le doy las gracias al Señor por él.

Mensaje costoso
Una campesina entra en un Centro de Comunicaciones Internacionales para enviar un mensaje a su madre. Cuando el hombre le dice que le costará $500, ella exclama:
– ¡Ayyy, no mi diga!, no tengo ese dinero. Pero necesito enviar ese mensaje a mi mamacita como sea.
– ¿Cómo sea?
– Por favor.
– Bueno, entonces sígueme -dice el hombre caminando hacia el fondo-.
La mujer lo sigue. El hombre dice:
– Entra y cierra la puerta, arrodíllate.
Ella obedece.
– Bájame el cierre.
La campesina le baja el cierre.
– Ahora sácamela -dice él, ya bien excitado-.
Ella mete su mano, lo alcanza y la saca… hace una pausa, todavía dudosa. El hombre cierra sus ojos y excitadísimo susurra casi sin voz:
– Bien… ¡adelante mujer!
La campesina, muy lentamente y de una manera incrédula acerca sus labios mientras sostiene con una mano el miembro y, aún dudando y con voz temblorosa, dice:
– ¿Güeno? ¿Amá? ¿¿Mi oyesss…??

Regata olímpica
Un grupo de mexicanos veía desde un puente la competencia olímpica de regatas. Pasan un equipo de remo y los mexicanos empiezan a injuriarlos a grandes voces:
– ¡Culeros!, ¡cabrones!, ¡pendejos!
Los remeros ni siquiera los miran: siguen remando con perfecto compás.
Enseguida pasan otros deportistas. Los mexicanos gritan a una voz:
– ¡Cabrones!, ¡pendejos!, ¡culeros!
Los de la embarcación ni aun parecieron escuchar esos insultos.
Pasó un tercer equipo. Gritan los mexicanos otra vez:
– ¡Culeros!, ¡cabrones!, ¡pendejos!
Los remeros que pasaban dejaron de bogar. Furiosos, soltaron los remos, se pusieron de pie sobre la canoa, y esgrimiendo los puños se pusieron a gritar a su vez:
– ¡Chinguen a su madre!, ¡pinches putos!
Los mexicanos se entusiasmaron al oír aquello:
– ¡Son los nuestros! ¡México, México!, ¡ra ra ra!

La misma pasión
La parejita terminó de hacer el amor en el motel de pago por evento.
Pregunta ella:
– Dime, ¿haremos el amor con la misma pasión después de que nos casemos?
– Supongo que sí, depende de con quién nos casemos.

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