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Marido envidiable

Dos amigas se encuentran después de algún tiempo de no verse.
Contentas de haberse hallado fueron a tomarse un cafecito. Pronto, desde luego, empezaron las confidencias.
– La verdad, no me ha ido muy bien. Tengo un marido que no me saca nunca, me niega todo lo que le pido y se porta conmigo majadero y descortés.
– En cambio yo, tengo un marido que me lleva a todas partes: A cenar, a bailar, a pasar fines de semana en la playa. Además nunca me niega nada: Me compra perfumes, pieles; me acaba de regalar un coche.
– ¡Oye! ¡Pues sí que tienes un buen marido!
– Sí. ¡Ojalá nunca se entere su mujer!
El Pollo
Un amigo a otro:
– ¿Por qué te dicen el Pollo?
– Es que se casaron mis papás, y a los 21 días nací yo.
¿Te está gustando?
En el acto del amor, el anheloso galán suspendió por un momento sus afanes y preguntó a su pareja:
– ¿Te está gustando esto, amor?
– Mira, si estuviera en el cine ya me habría pasado a otra sala.
Descerebrado
Pregunta un sujeto a otro:
– Oye, ¿qué fue de tu primo?
– Le sucedió algo espantoso. A causa de una enfermedad los médicos tuvieron que sacarle todo el cerebro. Lo hicieron vivir, pero se quedó con el cráneo vacío.
– ¡Qué barbaridad! ¡Una tragedia!
– Ni tanto. Le ha ido bastante bien. Ahora es diputado.
Pan de ajonjolí para el sexo
Un sujeto a otro:
– Estoy teniendo problemas con mi vida amorosa. Mis ímpetus de ayer se han apagado; no soy el mismo de antes.
– En cambio yo, cada día estoy mejor. Parezco un toro. Dos y hasta tres veces cada día le manifiesto amor a mi mujer.
– ¿Cómo le haces?
– Es muy fácil. Diariamente me como cuatro rebanadas de pan de ajonjolí. Es lo que me da las energías.
El tipo llega a su casa por la noche y dice a su mujer:
– Vieja, quiero que mañana compres bastante pan de ajonjolí.
– Tengo mucho en la alacena.
– ¿Hay pan de ajonjolí en la casa? ¿Y por qué nunca me has dado?
– ¡Ah, no! Ese lo tengo para el compadre.
Como muñeca
El jefe de la oficina se hizo acompañar al trabajo por su hijita más pequeña. La niña oyó que su papá se dirigía a la secretaria llamándola “muñeca”:
– ¿Por qué le dices así?
– Bueno. Es que la señorita es bonita como una muñeca.
– ¿Y también cierra los ojos cuando la acuestas?

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